ganadora del Premio Impacto Positivo 2026
Soy Ana, ingeniera eléctrica por la Universidad de Oviedo en la especialidad de energías renovables. Me apasiona usar la tecnología como herramienta para el desarrollo humano y siempre estoy en búsqueda de nuevos retos que me permitan seguir aprendiendo. Cuando no estoy bajo el agua, disfruto trabajando en entornos colaborativos y multidisciplinares.
Que no tenga miedo de lo que se viene, que disfrute, pero sobre todo que aprenda, lo que se aprende en clase y lo que no. Que trabaje en equipo y que cuide a la gente que tiene alrededor, porque en un entorno donde muchas veces se prioriza la productividad sobre lo humano, los vínculos de cuidado cobran una relevancia especial.
Que no pasa nada por confundirse, y que quien pierde no es quien no lo consigue sino quien no lo intenta. Sin duda, decirme que se pueden compaginar cosas que te apasionen a la vez: y que eso, lejos de agotarte, es lo que te da fuerzas para todo lo demás.
¿Qué es lo más importante que te ha enseñado tu paso por la universidad?
A adaptarme a nuevas situaciones y a levantarme siempre que se salen de control. A tener perseverancia y confianza en una misma, también a hacerle caso a mis intuiciones. Pero, sobre todo, a cuidar mi salud mental, que vale más que todas las notas del mundo.
¿Cuál es el momento del que te sientes más orgullosa en estos años?
Ha habido muchos, porque siempre he ido alcanzando mis sueños poco a poco. Pero en el top pondría el momento en que, después de poner en marcha una instalación solar fotovoltaica real en Guinea Conakry (sin experiencia previa, solo con lo aprendido en la carrera y en otro contexto cultural distinto y mil miedos), se hizo la luz.